Capítulo 131
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Capítulo 131
—“¿Quieres pelear conmigo? ¿Por qué dices eso…?”
Hanette alzó la voz, pero enseguida cerró la boca.
¿Quién hubiera imaginado ver ese lado pensó Zion? Su
corazón ya empezaba a tambalearse; la frustración y la tristeza que llevaba
consigo parecían desvanecerse poco a poco.
—“…He pensado mucho. ¿Estuvo bien que muriera así? ¿Qué
será de ti, hermana? ¿Habré hecho la elección correcta? Cosas así.”
Zion habló con lágrimas en los ojos, esforzándose por
seguir con sus palabras. No lloraba por una intención concreta, ni por algún
significado especial. Era simplemente la reacción de un cuerpo desbordado por
tantas emociones acumuladas.
—“Al principio creí que estaba haciendo lo correcto.
Morir yo solo para salvar a los demás. Pero… al final caí antes de poder
derrotar al Rey del Abismo. Y entonces comprendí que algo andaba mal.”
—“…….”
Hanette no apartaba la vista de Zion, escuchando cada
palabra. De su expresión y su voz fluían emociones sinceras. Al mirar aquellos
ojos violetas llenos de lágrimas, sentía que el pecho se le oprimía.
—“…Saber que iba a morir en vano me llenó de
arrepentimiento. Pensé que nunca debí haberlo hecho.”
Zion estaba derramando todo lo que había sentido al
encontrarse con Resia. No sabía qué pasaría más adelante, pero en ese momento
quería transmitirle su corazón. Su sacrificio, su deseo de vivir de nuevo, todo
había nacido por Hanette.
—“No debí morir por los demás, sino vivir… al menos por
ti, hermana.”
Hanette ya no pudo seguir evitándolo. Su corazón
palpitaba con fuerza, deseaba consolarlo, abrazarlo. Pero, consciente de que
debía escuchar hasta el final, se forzó a guardar silencio.
—“Tampoco confié en mis compañeros. Como nada salía como
quería, solo me llené de impaciencia. Tenía demasiada ambición, y solo pensé en
mí mismo.”
Es cierto que Zion había despertado a Exceed Rain y había
superado la muerte. Con ese poder derrotó al Rey del Abismo y logró reducir las
bajas en sus filas. Todo lo había conseguido con su propia fuerza, pero si
Hanette no hubiera estado allí, jamás habría alcanzado ese resultado.
—“Fue gracias a ti que llegué hasta aquí.”
Zion la miró con dificultad y transmitió su voz
temblorosa. Si Hanette lo abandonaba, no tendría manera de detenerla. Aunque
eso significara la ruptura del compromiso y el distanciamiento de sus familias,
debía aceptarlo con humildad.
—“De ahora en adelante viviré solo para ti, hermana. No
importa lo que digan los demás, estaré a tu lado. ¿No puedes confiar en mí una
vez más?”
Tras vaciar todo lo que quería decir, Zion por fin tomó
aire. Hanette lo miró con ojos entristecidos y luego abrió los labios
lentamente.
—“…Yo sigo confiando en ti. Fue solo un error, ¿verdad? Que
te equivoques una vez no significa que vaya a dejar de quererte.”
Hanette alzó su mano derecha y la posó sobre la cabeza de
Zion. Con ternura acarició su cabello, guardando en el corazón aquel calor y
aquella sensación.
—“Ya no te llamaré niño. Eres mi caballero, el compañero
con quien prometí casarme. Así que no vuelvas a dejarme sola. Sin ti, yo…”
La voz de Hanette se quebró y no pudo continuar. Para
ella, Zion Laird era alguien en quien podía confiar, su prometido, la persona
que debía acompañarla en todo momento. Separarse era imposible; pasara lo que
pasara, debían permanecer juntos hasta el final.
—“No te vayas primero. No quiero quedarme sola.”
—“…….”
Zion no dijo nada, ni hizo ningún gesto. Solo se dejó
llevar por las emociones que fluían a través de aquella caricia. Así como él la
valoraba, ¿acaso Hanette no lo tenía también en lo más profundo de su corazón?
—“No me iré antes que tú. Siempre estaré a tu lado.”
—“Tienes que cumplirlo. Es una promesa.”
Hanette extendió su dedo meñique, esperando su respuesta.
Zion sonrió levemente y enlazó su meñique con el de ella.
‘…Supongo que todo salió bien.’
Caden, ocultando su presencia, avanzó lentamente. Por si
acaso, había estado observando en secreto a los dos. Por fortuna, todo se resolvió
de manera pacífica; incluso al regresar a la capital, esa relación no se
rompería.
‘Si a ustedes les va bien, a mí también me irá bien.’
Caden pensó con expectación en una sola persona. Si ella
veía los méritos logrados por Zion y Hanette, se interesaría sin duda. Él
también había empuñado la espada, así que esperaba que al menos se fijara en él
una vez.
‘Con todo lo que he hecho, ¿no aceptará aunque sea
cenar conmigo?’
Claro, si él se lo pedía formalmente, seguramente
accedería. Pero no era lo mismo que fuera por petición propia a que ella lo
hiciera movida por voluntad. Necesitaba que su corazón se inclinara primero
para que él tuviera una verdadera oportunidad.
‘Quizás baste con volver a encontrarnos junto a esos
dos…’
⨕
Palacio Real, Oficina Real.
Brandish había recibido un informe urgente
desde el Castillo Alieard y actuó de inmediato.
Refuerzos para reemplazar a los caballeros
y soldados caídos, suministro de víveres para mantener el frente y establecer
campamentos, medidas contra la invasión de las bestias mágicas…
Incluso ahora, los altos funcionarios
estaban trabajando en las propuestas, y el comandante supremo ya había enviado
una avanzada mientras preparaba el despliegue de tropas adicionales.
—“El Rey del Abismo…”
Brandish, atrapada en un tenue sentimiento,
recordó aquellos viejos tiempos.
Ella y el Rey del Abismo, Keramion, habían
cruzado espadas, derramando todas sus fuerzas para matarse mutuamente. Al final
no lograron decidir el combate, pero se sintió satisfecha con tan solo haber
protegido al Reino Allain.
Sin embargo, si lo miraba desde la
perspectiva de un espadachín y no como rey, lo único que quedaba era la espina
clavada de no haber podido terminar aquella lucha.
—“¿Así que murió…?”
Cuando recibió por primera vez el informe,
era inevitable que dudara. Se trataba de un oponente al que ni siquiera había
podido matar, y el escrito señalaba que se había vuelto aún más fuerte que
antes.
Pero tras enterarse con detalle de la
noticia de que el Rey del Abismo había caído, pronto acabó aceptándolo.
—“La vez pasada mató a una de las Cuatro
Calamidades, y ahora ha derrotado a uno de los Tres Grandes Reyes Demonio…”
Brandish soltó una risa incrédula mientras
plegaba la carta.
Un noble que, a temprana edad, había
dominado la energía de espada y se había ganado un gran mérito en la supresión
de los rebeldes. Un caballero que, con 19 años, derrotó a un Dragón de las
Sombras y, con 20, al mismísimo Rey del Abismo.
Incluso en toda la historia del Reino de
Allain, muy pocos habían logrado hazañas de esa magnitud.
—“Seguro que contó también con la ayuda de
otros caballeros.”
Tres Setinos Quasar habían luchado contra
el Rey del Abismo, además de la señorita de la Casa Ducal y el propio capitán
de los Caballeros de Sylase.
Las murallas del Castillo Alieard habían
caído dos veces, y aun así lograron minimizar las pérdidas y contener a las
bestias mágicas para que no penetraran en el Reino Allain.
Sin duda, fue porque todos ellos se
reunieron que consiguieron derrotar al Rey del Abismo y repeler a los
monstruos.
—“Pero… incluso eso requiere de verdadera
habilidad.”
El talento de Zion era extraordinario para
su edad; de hecho, quizá rebosaba más allá de lo necesario. Incluso si solo se
hablaba de dones naturales, había superado el propio nivel de Brandish, y
seguía demostrando su poder sin cesar.
Cuanto más lo veía, más lamentaba que
semejante talento no estuviera bajo su tutela. Pero, de haber intentado
retenerlo, probablemente no habría conseguido acabar con las bestias mágicas.
—“Hanette Adelaira también se ha vuelto
mucho más fuerte.”
La primera vez que la vio en palacio, no la
percibió más que como la prometida de Zion.
Había pensado que era atrevida al arriesgar
su vida de ese modo, y por eso la dejó ir junto a Zion, deseándole buena
fortuna. Pero en algún momento, ella había conseguido el título de mago, y
ahora aspiraba incluso al de gran mago.
—“Renunció a la codicia y obtuvo algo
mayor.”
Brandish no podía dejar de lamentar el
hecho de no haber logrado integrar a Zion en la Orden de Caballeros Reales. A
veces incluso pensaba que tal vez debería haber forzado un matrimonio político
con la Tercera Princesa.
No obstante, el resultado no había sido del
todo malo; por el contrario, había abierto otras posibilidades.
—“Algo que ni yo ni los anteriores reyes
conseguimos. Si esos dos siguen al frente…”
Brandish deseaba que la paz y el descanso
reinaran en el continente de Karonbelaz.
En su fuero interno quería reunir un gran
ejército y exterminar a las bestias mágicas, pero no podía garantizar que la
campaña tuviera éxito. Por eso, al menos se proponía abatir a los monstruos más
poderosos, asegurando así un mínimo de seguridad.
—“Tanto como ambicionen, tanto habrá que
pagar.”
Ambos habían cosechado grandes méritos, y
merecían recompensas acordes.
En el caso del Dragón de las Sombras, lo
resolvió otorgando privilegios a sus familias, pero esta vez pensaba conceder
algo más. Debía atraerlos a su círculo con firmeza, infundirles lealtad y
orgullo que perduraran con los años.
—“¿Qué puedo darles que los satisfaga…?”
Ambos eran nobles, herederos de linajes de
casas ducal y marquesal. Habían vivido con holgura desde su nacimiento, y ni
siquiera otros nobles podían tratarlos a la ligera.
A menos que se tratara de Brandish misma,
de la familia real directa, o de nobles del mismo rango, ni siquiera resultaba
fácil obtener una audiencia con ellos.
Por lo tanto, las recompensas que pudieran
alegrarlos eran escasas.
—“Si he de dar, debe ser con un motivo.”
Hay una gran diferencia entre un regalo
cargado de significado y uno dado sin pensarlo demasiado. Si lleva un sentido,
por sencillo que sea, tocará el corazón. Si solo es un objeto raro y valioso,
no pasará de ser un gesto momentáneo.
Por eso, quería otorgarles una recompensa
realmente necesaria y, a la vez, impregnada de profundo significado.
—“Si llegan a casarse, igualmente habrá que
darles un presente…”
Después de darle vueltas una y otra vez,
Brandish extendió el mapa del Reino Allain.
Tarde o temprano, ambos abandonarían sus
casas y establecerían un nuevo hogar independiente. Cuando ese momento llegara,
necesitarían muchas preparaciones y gastarían considerables recursos.
Si podía aliviar esa carga, su obsequio
tendría un gran simbolismo.
—“La capital está complicada, pero quizá
pueda concederles algo en otro lugar.”
Brandish recorrió con la mirada los
territorios cercanos a la capital.
El norte y el sur debían descartarse, pues
su clima era demasiado extremo. Solo quedaban las regiones del este y del
oeste, pero allí ya había gran cantidad de población y edificaciones. Además,
eran tierras en manos de nobles, por lo que no podía escoger nada a la ligera.
—“Qué difícil… ¿acaso el Reino Allain
siempre tuvo un territorio tan reducido?”
Con un suspiro, apartó el mapa y se dejó
caer en el asiento. No importaba cuántas veces lo pensara, no encontraba tierra
alguna adecuada para entregarles.
En la capital no había espacio libre, y si
se alejaban demasiado de ella, era poco probable que les complaciera. De ahí
que hubiera considerado solo las cercanías, pero ni tierras vacías ni mansiones
decentes había disponibles.
—“No puedo simplemente no dar nada…”
Brandish enderezó la postura y llegó a una
conclusión sencilla.
De una forma u otra, el obsequio debía
tener sentido y satisfacerlos. Y no era que no existiera ningún método capaz de
cumplir ambas condiciones.
—“Les daré el derecho de elegir. En un
reino tan vasto, debe haber al menos una tierra que deseen poseer.”
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